Mientras el ex ministro José Mujica opina que “todos somos
responsables” por las demoras que finalmente dieron por tierra con
el pedido de extradición del terrorista Jorge Tróccoli al gobierno
italiano, la Vertiente Artiguista, el sector al que pertenece el hasta
ahora embajador uruguayo en ese país, Carlos Abín, ha pedido que su
actuación sea analizada por su tribunal de ética.
Para Mujica, el hecho de que el
pedido fuera entregado fuera de fecha es un caso de pelotudez
telúrica: “nos jodimos por pelotudos”, dijo al ser consultado
sobre el tema, refiriéndose no sólo a la displicencia de Abín, sino
también a los 80 días que demoró la Justicia en traducir el exhorto
y al hecho de que la parte demandante no pidió el levantamiento de la
feria judicial para –según él– agilitar el trámite.
No opina así el abogado de los
denunciantes, Oscar López Goldaracena, quien respondió a Mujica:
"No creo en absoluto que todos seamos pelotudos sino que acá
hubo un boludo, cuya única función era llevar el expediente al
Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. El expediente llegó en
tiempo y forma a la embajada de Roma, por lo que había tiempo
suficiente para presentar el pedido de extradición”, agregó.
Es un hecho constatado que la
Justicia se excedió en el plazo que tenía para realizar la
traducción del expediente al italiano, pero aún así, Carlos Abín
podría haber entregado el exhorto a tiempo, si hubiera estado en
Italia, claro. Porque ahora nos enteramos que el día en que llegó a
Roma la valija diplomática con los documentos, el embajador se había
hecho la rabona y andaba de paseo por Barcelona. No sólo no pidió
licencia, no sólo no pidió permiso, sino que ni siquiera avisó a la
Cancillería que se iba para Cataluña, y hasta pagó los pasajes de
ese viaje particular con dinero estatal.
Pero además, dejó la embajada en
manos de Tabaré Bocalandro, un diplomático de carrera afín al Foro
Batllista, que en lugar de diligenciar el trámite se limitó a
dejarlo en un cajón hasta que Abín volviera. Bocalandro sí fue
diligente para –luego de que saltara el escándalo– remitirle
copia de esos pasajes de avión a su conmlitón el diputado/senador
Washington Abdala, quien los hizo públicos para vergüenza del
canciller Gonzalo Fernández, que no sabía nada del asunto.
En estos últimos días, Abín
intentó justificar su proceder en varios reportajes, pero en ninguno
de ellos dijo que en semana santa se había ido a pasear a España.
Mintió. “Les mintió a todos”, dijo una fuente de la Vertiente
Artiguista al diario El País. Según esa publicación, “en algunos
círculos de la coalición se indicaba ayer que Abin al conocer la
denuncia de su viaje formulada el lunes en el Parlamento ante la
comparecencia del canciller Gonzalo Fernández, habría señalado que
su traslado a España obedeció a razones médicas”. Otra mentira
más, piensa uno.
¿Porqué ocultó Abín ese viaje si
fue por “razones médicas”? ¿Quién hubiera puesto alguna
objeción a que lo realizara si ese hubiera sido el motivo? ¿Por qué
no dejó prontos los recaudos pertinentes para que se diligenciara la
entrega del exhorto aún en su ausencia? Una de las cualidades mas
importantes en política (y en la vida en general, claro) es la
lealtad. Al ocultar ese viaje, Abín fue desleal con el canciller
Fernández y con el presidente Vázquez (quien de todas maneras al ver
como se desarrollaban los acontecimientos, la pasada semana
relativizó el apoyo solidario que le había brindado el lunes 5 de
mayo).
También fue desleal con sus
compañeros de la Vertiente Artiguista, que lo tenían en muy alta
estima, por eso, luego de analizar su accionar, el sector resolvió el
lunes remitir su caso al Tribunal Arbitral, el órgano que juzga la
conducta de los afiliados al grupo. El diario El País informa que la
presidenta del sector, Eleonora Bianchi, dijo que la propuesta de
pasar a Abin al tribunal fue impulsada por militantes de la Vertiente
de Montevideo.
"Lamento muchísimo que Abín
estuviera en Barcelona", dijo anoche al diario La República el
diputado de la Vertiente Artiguista Eduardo Brenta, y destacó que el
sector “le trasmitió al canciller Fernández que nuestro sector
respaldará toda acción, medida y decisión que el Ministerio de
Relaciones Exteriores adopte sobre el caso, apoyaremos e impulsaremos
las determinaciones que desde la Cancillería se entiendan
necesarias".
Por su parte, la comisión de
derechos humanos del Frente Amplio remitió a la Mesa Política de la
coalición un planteo en el cual calificó de "graves" estos
hechos, y solicitó que la Mesa Política le pida al gobierno que
"establezca con absoluta claridad" la responsabilidad por la
omisión y se actué en consecuencia.
Pero Abín sigue considerándose
impoluto y dice que su “linchamiento público” obedece a la
necesidad de encontrar un chivo expiatorio (“un chancho para
degollar”, dijo José Mujica, que hasta ayer opinaba igual que Abín).
Incluso explicó que "poner el cargo a disposición, cosa que es
de orden (...) no significa que yo acepte bajo ningún concepto ser el
responsable de la liberación de Tróccoli, sino que es una razón de
índole política, de lealtad al presidente Tabaré Vázquez, hacia el
Ministerio y hacia el Frente Amplio”. No, Abín, no. Ser leal es
decir la verdad y usted mintió.
No conozco personalmente a Carlos
Abín (*) ni tenía alguna inquina contra su persona. Por el
contrario, me caía simpático, porque además de abogado, escribano y
embajador, el tipo es escritor y los escritores me caen simpáticos a
priori. Además, resultó ser que hace 25 años fuimos compañeros de
militancia en la Izquierda Democrática Independiente. Si, está claro
que es por esas cosas que más me duele su conducta. Y pienso y pienso
y no le encuentro justificación a sus actitudes. ¿Hay algo más
atrás de ellas? A esta altura, con tanta mentira, yo no me animaría
a decir que no. - (*) Carlos Abín nació en la ciudad de La Paz,
Canelones. Está casado y tiene 4 hijos. Es abogado y escribano. En
1985 integró el Grupo Asesor del general Líber Seregni y fue
presidente de la Comisión Jurídica del Frente Amplio. Fue director
ejecutivo del Instituto del Tercer Mundo. Participó en numerosos
seminarios y talleres, y actuó como conferencista, panelista
expositor o relator en diversos eventos desarrollados en el exterior.
También ejerció como periodista. Colaboró con el semanario Brecha,
en la Revista del Sur, como así también en publicaciones
extranjeras. En 2003 publicó el libro "El Alca, un camino a la
anexión". En 2004 escribió un ensayo sobre la inserción
internacional de nuestro país, incluido en el volumen "Uruguay
hoy". En 2005 publicó su libro de cuentos "Colgado del
travesaño". En lo político fue miembro de los Grupos de Acción
Unificadora (GAU) y revistó en los primeros cuadros de la Izquierda
Democrática Independiente (IDI). (El Espectador)
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